lunes, 1 de junio de 2015

El derribo del Hércules TC-63 de la Fuerza Aérea Argentina


El derribo del Hércules TC-63 de la Fuerza Aérea Argentina

1º de Junio de 1982 :

En cumplimiento de la Orden Fragmentaria 2258, el Hércules TC-63 se alista en las primeras horas para realizar uno de los llamados “vuelos locos”: exploración y reconocimiento marítimo al Norte de Malvinas. Una misión de alto riesgo dada la situación táctica del momento. Se estima que el primero de ésta clase de vuelos sucedió el 26 de Mayo con el indicativo “Loco” a cargo del TC-64. La táctica utilizada para la detección de objetivos navales aún hoy congela la sangre:

Vuelo rasante sobre el mar a 590 km/h hasta una posición determinada, allí una rápida trepada con 30 grados nariz arriba hasta alcanzar los 10.000 pies, encendido del radar, dos a tres barridos para detectar blancos y rápido descenso para plancharse nuevamente sobre el mar con un cambio de rumbo de 45 grados. Cada maniobra se repetía cada 20 a 30 minutos y el patrón de vuelo asemejaba a una doble v (W), patrón conocido también como “dientes de perro”.

Un elemento resultó vital para éstas misiones y fue el sistema de identificación amigo-enemigo (IFF). Si el mismo se activaba, era señal que el Hércules estaba siendo iluminado por un radar, el paso siguiente era detectar la posición del mismo. Entonces se ascendía, se buscaba el emisor o blanco con el radar meteorológico, se determinaba su posición mediante los navegadores inerciales y se transmitía la posición, aunque casi siempre el procedimiento debía repetirse para confirmar la posición de los blancos, hecho que volvía exponerlos a un ataque.

La situación Táctica

Para fines de Mayo, los ingleses ya se habían consolidado en San Carlos y comenzaban su avance hacia Puerto Argentino. El día 30 de Mayo se determinó que los Harriers ya operaban en una base improvisada en San Carlos, hecho de singular importancia porque no sólo podrían realizar misiones de apoyo cercano sino también frenar cualquier vuelo argentino desde el continente hacia Puerto Argentino. Para confirmar las sospechas y fijar la posición estimada de la base, se fija una táctica que consistía en utilizar un par de Mirage III como señuelos y así el radar de Malvinas determinaba la posición aproximada de despegue de los Harrier’s británicos para luego coordinar un ataque a dicha base de despliegue.

La misión fue un fracaso. En la madrugada del 31 de Mayo el radar de Malvinas recibe el ataque de un bombardero Vulcan armado con misiles antirradar Shrike. Para evitar la destrucción, el radar es desconectado. Sin embargo los dos Mirage III con el indicativo “Pitón” despegaron de Río Gallegos rumbo a Malvinas y a sólo 10 minutos de vuelo se les ordenó regresar ante la no disponibilidad del radar. Por la tarde, los mismos Mirage intentaron nuevamente la misión pero no pudieron tomar contacto con el radar de Malvinas y la misión nuevamente se frustró.


Para el Martes 1º de Junio, en las primeras horas de la madrugada (04:50) dos Canberra (Indicativo Huinca) bombardean posiciones inglesas en Monte Kent. A sólo cinco minutos del ataque, el CIC (Centro de Información y Control de Malvinas) detecta dos Sea Harriers que intentan dar caza a los Canberra. La persecución dura unos 20 minutos y luego de múltiples enlaces se logra informar a uno de los Canberra que eran perseguidos por Sea Harriers. Con maniobras evasivas, eyectando los depósitos auxiliares y lanzando chaff, los Canberra logran eludir a los británicos. A las 07:58 el CIC detecta la presencia de nuevas PAC (Patrullas Aéreas de Combate) de Sea Harriers.

A las 06:30, el Hércules TC-63 con el indicativo Tiza despega desde Comodoro Rivadavia pero algunos problemas técnicos lo obligan a regresar y recién vuelve a despegar a las 08:53. Al mando del Hércules se encuentra el Capitán Rubén Martel, secundado por Capitán Carlos Krause como navegador el vicecomodoro Hugo Meisner; completando la tripulación los CP Miguel Cardone, CP Carlos Cantezano, SP Julio Lastra, y SA Manuel Albelos. La OF 2258 los llevará a sólo 100 Kilómetros al Norte de Malvinas.
Momentos antes el Hércules TC-66 aterriza en Puerto Argentino y más tarde regresa al continente. La operación es detectada por los británicos que ponen en el aire varias PAC que se posicionan en las proximidades de San Carlos; en tanto al Oeste de Malvinas, cerca de los islotes que conforman las llamadas Islas Cebadles, es destacada la fragata británicas HMS Minerva para vigilancia aérea.


Hacia esa zona se dirigía el TC-63. Se desconoce si la tripulación tenía conocimiento de la intensa actividad británica que estaba sucediendo en ésos momentos. Se estima que no ya que el silencio radial era vital para la seguridad de la misión.

El derribo del TC-63

El TC-63 ya había cumplido su primer recorrido a las 10:25 y unos diez minutos después completó el otro cambio de rumbo acercándose a Malvinas por el Norte, a unos 40 kilómetros del Estrecho de San Carlos. En uno de los ascensos, el Hercules fue detectado por el HMS Minerva quien transmitió la información a una PAC de Sea Harrier’s que se encontraban en las proximidades. La sección la integraba el teniente Niguel David “Sharkey” Ward y el teniente Steve Thomas. Como ambos contaban con poco combustible, fueron directamente vectoreados hacia el blanco. Ward a bordo del Sea Harrier XZ451 localizó al Hercules con su radar Blue Fox. Una capa de nubes no le permitía tomar contacto con el avión, entonces Ward descendió y Thomas se mantuvo a algo más de 3.000 pies. A pocos segundos localizó al Hércules a unos 10 kilómetros por delante, volando en rasante. Para entonces los integrantes del TC-63 conocían que habían sido detectados, pero ignoraban la inminencia del ataque. De hecho los reportes indican que el Hércules volaba hacia el Oeste, con 200 pies de altitud; recto y nivelado o sea sin intentar realizar alguna maniobra evasiva.

En el libro "Air War South Atlantic", los autores ingleses Jeffrey Ethell y Alfred Price describen con crudeza el episodio:

"...después del amanecer, el día parecía aburrido y el tiempo, marginal, proveía una excelente cobertura para los aviones de transporte argentinos. Esa mañana un C-130H Hércules piloteado por el capitán Rubén Martel, se asomó (ascendió) al norte del Estrecho de San Carlos para hacer una breve búsqueda radar por buques británicos. Cuando el Hércules emergió sobre el horizonte, a unas 20 millas al norte de la boca del estrecho, fue detectado por el radar de búsqueda de la fragata Minerva, que operaba como centro de control aéreo.

Inmediatamente el Lt Cdr Ward y el Lt S Thomas del Sqdn 801 de patrulla en el área, fueron vectoreados para la interceptación."

En las palabras de Thomas: "Sharkey (Ward) lo tomó en su radar, el avión iba rumbo al oeste. Pensamos que podría ser un C-130H por su baja velocidad. Ward descendió (entre nubes) para atacar. Yo permanecí sobre la capa, a 3.000 pies, para el caso de que el avión ascendiera por sobre ella.


Luego, Ward informó que tenía un Hércules a la vista, a distancia de seis millas aproximadamente, y descendí para reunirme con él. Salí de las nubes justo para ver un misil que dejaba su avión, y directo al frente divisé al Hércules volando a 200 pies en vuelo recto y nivelado. Estando escaso de combustible, Ward había lanzado su misil fuera de alcance que, sorpresivamente, perdió impulso y cayó al agua.

Se acercó más y lanzó el segundo misil, que impactó entre los dos motores de la derecha e inmediatamente se incendió. Al continuar su relato, Thomas descubre, en pocas palabras, la inhumana actitud de Nigel Ward, un Comandante de Escuadrón que violó toda ética guerrera y toda regla de combate, escrita o no escrita. El C-130H todavía se mantenía, entonces Ward se acercó aún más y vació sus cañones de 30mn en él. El Hércules entró en una espiral picada hacia la izquierda, sin control, el ala tocó en el mar, viró sobre sí mismo y se desintegró.


Con el avión averiado seriamente, cuando sólo le restaba tratar de amerizar en aquel mar picado, evacuar y esperar al buque de rescate, la misión de los Harrier había sido cumplida con creces. No hacía falta más. Horas después, un Lear Jet piloteado por el vicecomodoro Rodolfo de la Colina intentaría ubicar la zona de la caída pero una patrulla aérea de combate lo obligó a dejar el lugar. Lo acompañaba el comodoro Ronaldo Ferri quien, ante el derribo de uno de "sus" aviones, dejó otra vez su puesto en Comodoro Rivadavia para colaborar en la búsqueda aún sabiendo que aviones británicos intentarían emboscar a los exploradores.

Los  siete tripulantes del TC-63 jamás fueron encontrados y De la Colina fallecería seis días después... pero esa es otra historia.

El TC-63, luego del impacto del 2do. misíl ya se encontraba totalmente inutilizado, fuera de combate. En ése estado no llegaba ni siquiera a las islas (lo más cercano); por el riesgo de perder totalmente el plano derecho en cualquier momento.

El británico, en su afán por sumar un “derribo” más, vació toda su munición de 30 mm sobre el Hércules. Negándole al Comandante del avión, la única posibilidad de sobrevivencia; la de amerizaje. Emergencia en la cual hay que tratar de posar en el agua, lo más suavemente posible y evacuar la tripulación. Dada la estructura del mismo, da oportunidad de flote unos minutos, para la evacuación.

El relato del numeral, después del ARR, dio lugar a una investigación más profunda y según información que me llegó, fue dado de baja y quitado las condecoraciones. Hace unos años atrás, hizo llegar una corona para ser colocada en el cenotafio del TC-63 en Palomar, pero se ordenó su retiro, como queriendo “disculparse” de lo que hizo.

4 comentarios :

  1. Gloria por siempre!!! Viva PATRIA!!!

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  2. Aviadores argentinos! Guerreros poderosos cubiertos de gloria. Granaderos del firmamento!

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